LA LEY LA HACEN USTEDES

Cada uno y cada una de ustedes es diferente, tienen familias diferentes, problemas distintos y en pocas palabras vienen de contextos diferentes. Eso lo sabemos y sí es cool reconocer que somos irrepetibles e irremplazables. Pero la otra cara de esa moneda, como lo hemos visto, es sentirse un poco solo. Una de las preguntas que se hace Valentina es si mundos tan distintos pueden coincidir y gracias a la obra sabemos que eso es posible, que con conversaciones, con gestos y con esfuerzos los mundos sí pueden hacerlo. Sabemos que la manera de invitar a los otros a nuestro mundo es hablando, preguntando lo que nos cuesta preguntar.

¿Pero qué más se puede hacer? ¿Existen otras formas para que los mundos coincidan? ¿Cómo mantener los mundos juntos?

Aquí creemos que sí y la forma para sacar a luz las similitudes y defender la sintonía de nuestros mundos puede estar en algo que parece estar muy alejado, pero realmente existe para mantenernos unidos: LE LEY.
Es fácil creerse que la ley es algo que redactan los adultos por allá en la plaza de Bolivar. Pero es más que eso, la ley o las reglas son principalmente un acuerdo entre personas que, a pesar de sus diferencias, prefieren reunirse y dejar por escrito qué es lo que necesitan para sentirse apoyados, para establecer qué está mal y qué está bien, para sentirse cómodos y cómodas en el lugar que habitan. La ley es un pacto entre todos para conocerse los unos a los otros, para que se pueda saber qué es ser un buen ciudadano o ciudadana y en ese sentido se comprenda qué se debe hacer para que nadie se sienta apartado a pesar de lo diferente que pueda ser.

¡Esta es su oportunidad para crear su ley!

Todas y todas deben reunirse y decidir qué es necesario para que nadie se sienta incómodo en el salón de clase. Deben escribir reglas o leyes que les permite unirse y fundar un mundo en el que todos sus mundos individuales puedan coincidir. Acuérdense que la ley no es para castigar al otro, realmente es para invitarlo a ser parte de una buena idea, de un buen grupo, en el que pueda ser feliz sin importar su contexto. Lo que debe hacer la ley es ayudarlos a hacer amigos y amigas, a reconocer en el otro sus necesidades así como sus responsabilidades. Por eso el primer paso que deben tomar es preguntarse los unos a los otros qué quieren, qué necesitan, qué les gustaría que cambiara en su salón de clase, qué puede ser mejor y qué no está sirviendo. Pueden tomar como punto de partida los problemas que se exponen en Cubo de Rubik, como el acoso o el cyberbullying. Reúnanse de a parejas, o un grupo, lo más importante es que, por medio de las preguntas y las conversaciones, puedan acordar cuál es el objetivo que los une a todos y todas.
Por supuesto no se trata de que olviden sus diferencias, más bien todo lo contrario, se trata de que las conozcan para así saber cómo se puede tener un salón de clases donde estas se tienen en cuenta y se respetan. De esta manera podrán llegar a un acuerdo en el que nadie esté aislado. No deben olvidar que todos y todas hacen parte de un mismo equipo y para que ese equipo sea feliz deben acordarse de qué los ayuda a ser mejores personas.

Aquí les dejamos la ley que los adultos han redactado para asegurar que los salones de clase sean un lugar en el cual los estudiantes, es decir ustedes, puedan sentirse cómodos. Pueden usarlo, pero lo importante es que ustedes lleguen a sus propios acuerdos, porque no hay nadie mejor que ustedes para decidir qué es lo que necesitan para hacer un buen equipo en el que la felicidad de todos y todas sea posible.